Reajustes en la dieta.

Reajustes en la dieta.

Reajustes en la dieta.

Remover para evitar quemar.

El equilibrio, la felicidad y la salud son un instante. Lo que está en orden parece desmontarse y acaba por quemarnos. Lo que está limpio va recogiendo polvo. Nada es inmóvil, nada es quietud. Todo se desvanece y toca volver a empujar la rueda para vivir un momento de bienestar.

Aunque encinados por orden del coronavirus, ni somos estatuas ni el tiempo ha dejado de avanzar. La naturaleza esta cambiando continuamente y las emociones se van mezclando continuamente en el caldero interno. 

Soy una convencida del poder medicinal del ayuno, silencio, meditación, reposo y aislamiento, pero seguramente, como todo, tienen su medida adecuada. ¿Puede ser que hayamos tenido ya bastante aislamiento o sobredosis de introspección?. Sea por esto o por otras causas, cada cierto tiempo es necesario reajustar nuestras rutinas.

Llevamos ya muchos días de confinamiento, los hábitos que nos sanaban las primeras semanas ya no tienen sentido.

Da rabia, que una vez adaptados y encontrado el placer y confort en algo, tenemos que cambiarlo. El enfado es natural. Llevas un tiempo con una alimentación en la que te sentías a gusto y toca volver a reajustar. El cambio genera un rechazo antes del agradecimiento.

Abandonar una costumbre es el alto coste y entrega necesaria para dejar paso a lo renovador. No cambiar, tener la mente cerrada, poca flexibilidad corporal, irritabilidad, egoísmo, tristeza, sentirse incomprendidos es estar inadaptados. Aferrarse a lo conocido provoca desmotivación, desaliento y depresión.

Las relaciones, los viajes, las risas, las sorpresas, la actividad o el altruismo son ingredientes básicos para remover la cocción de lo que sucede bajo nuestra piel.

Si abandonamos el alimento en la sartén, sin moverlo, sin cuidarlo o sin apenas mirarlo, se quema y se echa a perder.

Todo esto de lo que te estoy hablando tiene una clara relación con la energía de hígado afectado por una primavera más alteradora de lo normal. Un hígado inflamado, afectado por alergias, bloqueado por las grasas, sobresaturado de toxinas no puede trabajar en condiciones. Nuestra digestión pierde eficacia, absorbemos menos energía y nutrientes de nuestras comidas, y nuestro ánimo está decaído.

Todo vuelve a indicarnos que hay que dejar marchar para recibir. Hay que cambiar para adaptarnos. Dejar atrás lo que nos dio placer y no caer en la adicción.

Confiar en lo que vendrá y en nosotros mismos. Volvemos a ser los valerosos protagonistas de la respuesta.

La primavera generosa nos trae las cerezas, los nísperos, el hipérico, las flores de borraja, la madreselva, las esencias y el crecimiento rápido. La belleza de las flores, su color o su aroma es un sacrificio vital para engendrar al fruto. El egoísmo, el progreso y la tecnología no consiguen desvincularnos de nuestro papel en el ciclo de la vida. La maternidad y su poder no sólo habita en las mujeres embarazadas, está en todos los que vivimos en esta primavera poco común.

Nuestra dieta es un reflejo de lo que sucede dentro, y un motor de cambio en todo el engranaje. Cómo explicar que ser constantes y responsables con nuestra salud, no es comer siempre la mejor dieta del mundo de la misma manera.

El arte de saber alimentarse consiste en escucharnos y responder realmente a nuestras necesidades cambiantes.

  • Decidir qué comer, cuándo y cuánto es dejar latir con fuerza a tu corazón.
  • Creer que lo que comemos nos va a nutrir, es el poder de conjugar la mente y el intestino.
  • La belleza relaja nuestro hígado. Los colores, combinaciones y presentaciones. Comer a mordiscos, con cubiertos o con las manos. Solo o acompañado. En la mesa o de paseo. 

Cuando creemos que nos conocemos, nos descubrimos nuevos sabores. ¡Qué rico!, ¡Qué sorpresa!. Qué difícil y exquisita delicia es combinar las constantes cuidadoras y las novedades que nos trae la vida.

No te desmotives, sabrás darte lo que necesitas. No podemos andar hacia atrás, el reloj se mueve en único sentido. Tu crecimiento y aprendizaje siempre avanzan. 

Te mando mucho ánimo. Yo sigo al otro lado de tu e-mail, por si te apetece contar conmigo

Leyre

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