Por qué no he vacunado a mis hijos

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Por qué no he vacunado a mis hijos

Por qué no he vacunado a mis hijos

Ayer pasamos una mañana muy agradable en el curso Detox que di en el huerto de Masías. Durante el curso surgió el tema de las vacunas y me preguntaron cuál era mi opinión. Como ya son muchas las veces que me lo cuestionan y veo que el tema despierta interés, pues aquí vengo.
Yo no he vacunado a mis hijos y no voy a darte razones para intentar convencerte. No soy antivacunas ni antinada. Te voy a contar por qué yo no los he vacunado porque me lo habéis preguntado mucho.
Soy una gran amante de la naturaleza y de la madre tierra. Haber sido madre me ha llevado a creer más, si cabe, en la grandiosidad de la tierra, del universo y de la magia que es la Vida. Yo misma lo vi y participé en traer más vida a este mundo y me parece lo más maravilloso de entre todo lo maravilloso.
Siento la convicción y creencia incuestionable de que sus cuerpecitos son hermosos y perfectos, como perfecto es el mío y como lo es el tuyo también. Cuando los miro no me cabe ninguna duda de son la máquina más admirable.
Me reconozco una apasionada estudiosa de la ciencia, el progreso y los avances de la humanidad. Pero por más cosas que seamos capaces de descubrir o crear, vislumbro una gran ventaja a favor de la Naturaleza.

Pasé varias temporadas leyendo y estudiando libros y artículos sobre los pros y contras de las vacunas, de todas juntas y de cada una de ellas por separado. Me di cuenta que ante los mismos hechos objetivos, los pro-vacunas y los anti-vacunas hacían una lectura completamente opuesta. Es decir, en la era de la información en la que vivimos, encontrarás argumentos a favor y en contra según tu criterio de búsqueda, pero sin encontrar ninguno concluyente.

Por más que leo sobre mercurio, autismo, o probabilidades de enfermar, no alcanzo a comprenderlo y a sentirlo con la intensidad y realidad de las cosas que soy capaz de ver, tocar o hacer. Por más libros que lea y estudie, no soy una científica doctorada masterizada y siempre podría aparecer alguien que derrumbara cualquiera de los argumentos científico médico al que me intentara acoger. Las vacunas no están en mi mano, no sé ni lo que son, ni de donde salen, ni qué pruebas les han hecho. Por más que lea, encuentro mil formas de cuestionarlo, porque mi intuición me dice que no.

La salud no son solo virus, bacterias o alimentación. Por eso las vacunas sólo son porcentajes y probabilidades de posibilidades que podrían pasar. La salud es el resultado de muchas variables entre las que está el amor, el ejercicio, el sentirnos bien, en reír, en llorar, en hablar con amigos, en respirar aire puro, en que nos dé el sol, en dormir cuando tenemos sueño, etc.

Yo he dejado todos los libros que compré y leí en la estantería y hace ya tiempo me quedé con mi intuición e instinto. Porque para mí es lo que importa. Yo, Leyre Soriano, siento que cuido mejor de mis hijos sin transgredirlos con ninguna sustancia química. Porque siento que sus cuerpos son fuertes y muy capaces de superar los virus si les doy mucho amor y consigo que sientan confianza en ellos mismos. Siento la gran responsabilidad de la salud de mis hijos, que con el tiempo será completamente suya. Cuido cada día el darles lo mejor. Es el trabajo más importante (además de cuidar de mí misma) y el más agotador.

Ya sé que darles lo mejor no quita la posibilidad de vacunarlos, no quiero decir que los padres que vacunan descuiden lo demás ni que sean peor padres. Por favor no me malinterpretes. Parece que tengamos que estar en guerra antivacunas y provacunas. Estamos acostumbrados a crear polaridades correctas e incorrectas. Sin embargo pienso que nuestra aportación a la humanidad, la civilización, la sociedad y el planeta será que cuidemos y eduquemos a nuestros hijos como mejor nos parezca, como lo sintamos y con todo nuestro amor. Así, crearemos una sociedad amorosa y saludable al margen de las diferentes decisiones.

Así que con todo mi amor y creyendo en mí misma: Mis hijos son perfectos al natural y no necesitan vacunas. Con todo mi amor les daré cada día todo lo que este en mi mano para que crezcan sanos y felices. Esta es mi gran razón: “Lo hago como lo siento” y hacerlo en coherencia con mis creencias es lo mejor que le puedo dar a mis hijos. Es a dónde me ha llevado mi aprendizaje y lo que les quiero transmitir.

Si tú sientes que lo mejor para ellos es vacunarlos, hazlo. Será lo mejor para tus hijos. Será tu enseñanza, la mejor forma de cuidarlos y de darles tu amor.

Como todas las madres del mundo, no soy perfecta y es posible que me equivoque, pero en mi imperfección, me esfuerzo cada día por ser la mejor madre de mis hijos. Tú y yo somos madres imperfectas, pero las mejores de nuestros hijos. Así lo fueron nuestras madres también.

 

Te recuerdo que mi próximo taller de alimentación natural será “Niños sanos, niños felices” y puedes ver aquí la información.

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¡Gracias por leerme!
Leyre.

 

 

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