La alimentación durante el verano

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La alimentación durante el verano

La alimentación durante el verano

Hola amigos, os voy a contar en este post cómo adaptar nuestra alimentación al verano para estar bien nutridos y disfrutar de la estación más calurosa. Os explico también cómo varían nuestras emociones. Nuestros comportamientos están un poco más alocados de lo normal ;), ¿te interesa comprender un poco más? Pues sigue leyendo que te cuento.

La naturaleza es cambiante. El paisaje, sus colores y sus frutos varían de una estación a otra. Vivir y sentirnos en armonía con la naturaleza cada día y cada estación, nos hace sentir más enérgicos. Disfrutamos de la satisfacción y convicción de estar alineado con la energía del universo.

El ecosistema que nos rodea cambia con las estaciones y nosotros debemos adaptarnos y cambiar con él. No nos apetecen las mismas cosas en invierno que en verano, y es de esto de lo que se trata. No se trata de privarse y de sufrir, es adecuarse a la estación y vivirla plenamente.

En verano las plantas y las flores maduran y los frutos aparecen con abundancia. Las temperaturas aumentan y hay más horas de luz. Los alimentos se hacen muy grandes en esta estación (Sandías, calabacines, albahacas o garrofones son un ejemplo).

Según las 5 transformaciones el verano corresponde al elemento fuego.

En verano es donde la energía llega a ser más expansiva y realiza un cambio para empezar a contraer y descender. Es como la máxima explosión para volver a recogerse. De esta forma durante el verano nos apetece salir mucho, hacer mil planes, quedar con mucha gente. Pero hacia la segunda mitad de agosto lo que nos apetece es volver a la rutina, volver al orden, a los horarios y al cobijo.

Los órganos que se activan son corazón e intestino delgado. Estos órganos se relacionan además con lengua, vasos sanguíneos, la voz y el tacto.

El corazón y la circulación son lo más activo en este periodo y con ellos nuestro potencial físico, lívido y sexualidad. Seguro que te has dado cuenta que el cuerpo se prepara para que las relaciones sexuales sucedan y sean lo más fructíferas posible. Tienes en mi web un post sobre el verano y el sexo por si quieres saber un poco más.

Las proporciones de alimentos varían entre cada persona. Cada uno tenemos una constitución y una condición. Si estamos atentos a lo que nos pide el cuerpo, sabremos claramente lo que es más adecuado para nosotros.

De esta forma una persona que ha abusado de las carnes en invierno, necesitará más zumos, ensaladas, frutas y hojas verdes.

Una persona con alimentación vegana sentirá más provocación por combinaciones de verduras poco cocinadas con cereal y no tendrá tanta necesidad de fruta.

 

 

 

 

Los alimentos de esta estación son:

Verduras. una de las más representativas es el calabacín blanco que llega a ser muy grande en estos meses. Endivias, achicoria, lechuga, rúcula, canónigos, remolacha, diente de león, pepino, rabanitos, berros, cebolleta, espinacas, judías verdes, nabos, puerro, repollo, zanahoria.

Recuerdo claramente los berros silvestres tan ricos que me encontré en un río de Cazorla.

Quinoa, maíz y amaranto. Arroces larguitos tipo basmati. Derivados como la polenta, bulgur, cuscus o pastas integrales. Al final del verano es muy adecuado el mijo para prepararnos en el verano tardío.

Legumbres. Alubias grandes, las más veraniegas son las color canela o rojitas. Grandes como el garrafón, lenteja grande o el garbanzo grande. Son las más difíciles de digerir pero es en esta estación cuando mejor nos sentaran. Recuerda no mezclara con frutas.

El tofu, hecho con soja, es ideal para el verano por su carácter refrescante.

Frutas. Empieza la temporada con las fresas, pomelos, nísperos o cerezas que estarán solo al principio.

Tendremos melocotones, aguacate, higos, sandía, melón, albaricoque, caqui, cereza, ciruela, frambuesas, granada, nectarina, paraguayos, pera, plátanos o uva al final del verano.

Una de mis favoritas son las moras silvestres ¡mmmhh! Durante las caminatas por las montañas siempre me ha encantado ir picando estas golosinas de los zarzales.

Después de una jornada montañera, mojarte los pies comiéndote unos higos de la higuera que te está haciendo sombrita. ¡Cómo me gusta el verano y la montaña!

Dulce, agar agar y nori.

Las de girasol. Aunque el resto están bien también. Las semillas se conservan de forma natural durante todo el año y eligen el mejor momento para germinar.

El sabor que debemos recordar en nuestros platos es el amargo. Es el que estimula la circulación y mejora la tensión arterial. Los alimentos de la estación que te cito, tienen cierto gusto amargo aportan cualidades que mejoran el bombeo del corazón y la absorción intestinal.

Es el momento de comer más crudos y cocciones refrescantes. Ensaladas, fermentos cortos y germinados.

 

Las cocciones más veraniegas son:

Salteado corto. Con poquito aceite o agua en una sartén o wok, saltear las verduras con una pizca de sal. Sin tapa, con movimiento ascendente y fuego fuerte pero poco tiempo.

Cortar las verduras y dejar reposar en agua con miso, shoyu, umeboshi, o agua de germinados. Entre una hora y un día es lo más adecuado a esta época del año.

Deja las verduras (pepino, coliflor, calabacín, zanahorias, apio, col, hojas, etc.) cortadas y amasadas con sal marina. Tápalas de forma que presione (con un plato con peso encima es lo más común).

Con agua hirviendo a fuego vivo (haciendo grandes burbujas) introduce las verduras entre 30 segundos y 2 minutos según el tamaño y su contenido en agua. Escurres y listo. Se enfría muy rápido. Resalta su color natural y queda al dente, crujiente pero agradable de comer.

 

Nuestras emociones y sensaciones en verano cuando estamos en equilibrio:

Nos relacionamos con los amigos de una forma alegre y extrovertida. Aumentan los encuentros sexuales. Se subraya nuestra alegría y creatividad. También se potencia nuestra fertilidad. Mejora nuestra presencia y percepción de lo que sucede en el momento. Aumentamos nuestra actividad pero manteniendo la tranquilidad y el control.

 

Cuando estamos en desequilibrio.

Nos sentimos nerviosos, insomnio, nos quemamos con más facilidad, nos sentimos descontrolados, ataques de euforia, arrogancia, dispersión, aburrimiento, apatía, somos como una cafetera que está en todo y en nada. Mente hiperactiva y errática.

 

Cuando nuestro organismo está en equilibrio, nuestras emociones también lo están. Cuando nuestras emociones son equilibradas favorecemos que nuestros órganos no se bloqueen. Nuestra intuición y apetencia se inclinarán por los alimentos que mejor nos nutran en cada momento.

Las cosas que comemos facilitan que esto suceda. Si los alimentos que elegimos son locales, de estación, consumidos con moderación y con cocciones adecuadas, nos sentiremos en equilibrio.

Si elegimos frutas tropicales, carnes muy saladas, cocciones muy largas, verduras de otra estación, aditivos, etc. Nos llevarán al desequilibrio o a perpetuarlo si ya lo sentimos así.

Leyre.

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