Gestionar el hambre

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Gestionar el hambre

Gestionar el hambre

Esta temporada el protagonista de mis consultas se llama ansiedad. Estrés en vidas que no parecen tener grandes problemas, pero que trastorna la salud de mis pacientes.

Hoy quiero hablarte de la gestión del hambre en ciertos momentos de nuestra vida.

Cuando emocionalmente estamos heridos, llevar una dieta saludable es muy complicado. Si además quieres hacer restricción calórica para adelgazar, los resultados pueden ser un desastre.

Acompaño a muchas personas que quieren mejorar su alimentación y también perder de peso. Escuchar tantas historias personales me permite conocer la conducta humana desde diferentes perspectivas y entender ciertas pautas que observo que se repiten.

¿qué tienen en común estas personas?

  • Alguien harto de su trabajo
  • Alguien que carga con los niños, la casa y su trabajo.
  • Alguien que está al cuidado de su pareja enferma, o de sus padres.
  • Una persona que ya no tiene ilusión de estar con su pareja.
  • Una madre que carga todo el día con su bebe
  • Alguien agotado de competir, entrenar y superarse.
  • Alguien con apuros económicos

Llevamos tanto tiempo sin tiempo, que ya no sabemos ni lo que haríamos si lo tuviéramos.

Llevan tanto tiempo teniendo solo ratitos libres, que no se permiten empezar nada porque ya te toca acabar y guardar. Desmotivados de todo, porque sea lo que sea que se les ocurre hacer, se va a chafar en cualquier momento, por un lloro, un viaje, una reunión, una entrega urgente, un juicio destructivo de ajenos,  una lavadora, algún familiar o amigo que te pide algo, o cualquiera de los “tengo que” que nos ocupan el día.

Frustrados por la sensación de no poder escapar de esa situación carcelaria. Da igual qué comer, ni sabe ni sacia como lo han sentido otras veces. Comen y comen buscando algo que nunca llega.

Para el que está cansado del trabajo, el almuerzo es un atisbo de relajación. Así, recurrimos a nuestro yogurcito, café con bollo, galletas, rosquilletas o lo que sea como el único impulsor cerebral de placer, relajación y consuelo. Lo mismo le sucede al que tiene ocupado su día de quehaceres que no quiere.

Cuando acaba el trabajo, o se duerme el hijo, o hay un momento de respiro, sigue habiendo ansiedad nerviosa que calmamos de la única forma conocida y fácil que es: seguir comiendo. Faltos de realización nos rendimos a la cerveza, las papas, las galletitas, o el chocolate (por poner unos ejemplos habituales).

Tenemos una relación de amor felicidad con la comida, de forma insanamente adictiva y no lo sabíamos.

Veo con cada consulta que las personas cambian al compás de su alimentación. Como el huevo y la gallina. Una alimentación saludable empuja a una vida sana, y la vida sana te lleva a cuidar tu menú como una espiral creciente.

Lo mismo sucede al contrario, vida sendentaria llama a comer más y peor. Mala alimentación te estanca más en el sofá y malos hábitos, y así sigue la pescadilla.

En la vida todo son ciclos.  El equilibrio es momentáneo cuando nos lo encontramos en el vaivén del péndulo que no para de oscilar. Lo que nos lleva al equilibrio es la secuencia de los ciclos.

No te diré que rectificar es de sabios, porque no te equivocaste en la elección. Más que de sabios, es de maestros saber adaptar tu vida a tus nuevas necesidades.

Cuando llamáis a mi puerta pidiendo un cambio de alimentación, también estáis gritando una necesidad de cambio en vuestra vida. Una situación que ya no aguantáis más.

Toca retirar el vaso colmado y poner uno nuevo vacío.

¿querrás volver a disfrutar del sabor autentico que tienen las cosas?

 

¡Cuídate!

Leyre

 

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