Dietas y Terapias ¿Moda o necesidad?

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Dietas y Terapias ¿Moda o necesidad?

Dietas y Terapias ¿Moda o necesidad?

No podemos evitarlo, estamos educados para las dietas y soluciones milagro. Da igual la edad, el sexo y el lugar, tenemos grabado en el subconsciente que si algo va mal, algo superpoderoso podrá resolverlo.

Llevo pocos meses dedicada profesionalmente a ser consultora de alimentación y salud, y últimamente no paro de pensar en las incoherencias que hay en cualquier tratamiento.

Podría estar muy contenta por las respuestas y comentarios que me devuelven las personas que he atendido como: “He vuelto a hacer deporte”, “ya no me cuesta levantarme por las mañanas”, “siento que soy otra persona”, “me siento fenomenal y con X kilos menos”, “mi entrenamiento ya no es una tortura y parece que vuelo”, “por fin estoy descansando y ya no me duele la cabeza cada día”. Pero la verdad, es que lejos de contentarme con esto, sigo teniendo mis dudas.

Cuando acudimos a un consultor, bien sea de alimentación o de alguna otra terapia, o incluso a un médico, nuestra actitud sigue siendo la misma. Somos una “persona enferma o con un problema” que necesita que otra persona me ayude y lo resuelva.

Algunos consultores en nuestra búsqueda justiciera indagamos los culpables de esa enfermedad o problema. Una situación, una infancia, unas emociones… pero incluso hallando el causante, no se va a resolver el problema. La búsqueda de un culpable ajeno nos libra de la responsabilidad que tenemos con nuestra salud. La entrega de la responsabilidad de mi enfermedad a un consultor, me libera de la carga que debería asumir. Así, podríamos decir por ejemplo: estoy gorda porque mi madre no me quería y ahora si la dieta no funciona es culpa de Leyre Soriano y no mía.

Nosotros los consultores, con nuestro gran ego, enseguida planeamos una acción u otra. Resulta muy fácil como paciente buscar más y más terapias que me lleven mágicamente a la felicidad. Como en busca de nuestra píldora perfecta.

La medicina, que es una ciencia que tiene todo mi respeto, ha demostrado de diferentes formas el poder curativo de los placebos. No quiero decir que las terapias naturales sean placebo, por favor no me malinterpretes. Lo que trato de explicarte es la importancia de la actitud. Lo que hemos vivido son nuestra identidad y aprendizaje. Somos nosotros con nuestra mente encendida los que nos encaminamos a la felicidad, o no, cada día, cada hora y cada momento. Lo que te sirvió en un momento quizá ahora ya no.

Hace poco me comentaba un amigo con gran indignación lo poco que hacen los gobiernos por legislar la industria alimentaria, la facilidad de ingerir tóxicos a diario sin medida ni límites. Esto es otra vez volver a la gran evasión de compromiso con nosotros mismos. Le conté a mi amigo que existe el síndrome de hiperhidratación o intoxicación por agua. Beber muchísima agua te puede llevar incluso a la muerte y nadie prohibiría nunca el agua.

En alimentación tenemos un camino muy difícil. Es tan fácil conseguir tanta cantidad y variedad de comida a cualquier hora, en cualquier esquina y de cualquier manera, que nuestro gran reto es aplicar la medida y el criterio adecuado.

Cuando leo y releo las tribus que se alimentan de lo que hay (unos caza y verduras, otros solo verdura y frutas, otros solo pesca) me maravillo y apasiono. Sin preocuparse en si hay cereal, o proteína, o su nivel de grasas, sin contar calorías, sin superalimentos, sin atiborrarse. Tribus tan saludables que viven con la máxima sencillez de lo que hay. No sólo se resignan a lo que tienen, sino que se alegran y agradecen por ello.

Mi madre me lo decía a menudo: ¡Hambre es lo que necesitas!

¿Moda o necesidad de terapias? mi respuesta es sencilla también. Se escuchan mucho y siempre habrán porque no nos creemos capaces de alcanzar la felicidad solos. Nos convencen una y otra vez de que hay que tener mil títulos, mil viajes, tomar suplementos y hacer terapias continuamente para encontrarla. Todos queremos ser felices. Lo que hayas encontrado te ayudará si asumes tú el papel más importante en tu vida. Si caemos en la provocación de buscar soluciones mágicas y fáciles, se volverán incluso dañinas.

La comprensión de lo que nos hace sentir los alimentos o acciones no tiene nombre de dieta o terapia, se llama confianza en uno mismo.

 

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